De tu Cuerpo al Mío | José Taylor

Cuando la noche es serena

Cuando la noche es serena.

Cuando las luces se apagan.

Cuando tú y yo estamos ausentes del otro…

y todos los demas duermen.

El silencio se hace presente,

y nos envuelve en su calma creadora.

Cuando estamos ahí… solos en la cama

Engañando al olvido, tratando de dormir.

Pienso, y dudo un momento,

si en verdad te conozco, tan bien como pienso.

Me acerco cauteloso a tu costado tibio,

Como el león hambriento se acerca a su presa.

La piel se eriza instintivamente…

y tu cuello callado me habla;

Y así, en la trémula pulcritud de la soledad,

Comienzo por enésima ocasión el recorrido de tu ser.
 

De tu cuerpo al mío.

De mi ombligo al tuyo, son tres besos para llegar ahí.

Dos miradas bastan para desnudarte.

De un costado al otro de tu cuerpo es un abrazo entero.

Y de tus piernas a tus pechos cien caricias.
 

Voy por tu espalda.

Camino por ella con los ojos cerrados.

Como el ciego camina en la noche,

y la sabe toda como el mismo.

Mis labios despacio van dejando en tu piel marcada

la huella de su alegre caminar

(Son ochenta besos para rodear tu cintura).
 

Las horas pasan, la noche nos cae encima.

De tu cuerpo al mío ya no hay nada.

Ni siquiera el viento que sopla y sin saberlo nos separa.

De mi corazón al tuyo hay piel y huesos.

De una oreja a otra treinta besos.
 

Te conozco y mejor de lo que pienso.

Se que de tu cuerpo el mío son tres besos densos.

Más espesos que la sangre que corre por las venas.

De tus pies a la cabeza son uno setenta metros.
 

No has cambiado nada.

Y me da gusto, que alrededor de la cadera

Sigan siendo casi cien besos.

Para rodearla sediento y perfumarme con su aurora.
 

De tu cuerpo al mío ya no hay nada.

Ni el aire, ni el tiempo, ni la noche nos separa.

Gracias a Dios que los labios no tienen memoria.

Y así cada noche recorrerte entera,

como si nunca te besara.


 

José Taylor

 

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